Hola a todos! Aquí estoy de nuevo. Atrás quedó el verano y las vacaciones, y aunque por el calorcito que hace no lo parece estamos en otoño y tenemos que poner los pies en el suelo. Y de eso os voy a hablar hoy, de suelos. De suelos de madera concretamente. Los suelos, por su posición, son unos de los acabados que más desgaste sufren. Los de madera son cálidos, confortables y agradables a la vista, pero necesitan un buen mantenimiento para que estén en perfectas condiciones. Renovarlos es una de las obras más típicas a las que nos podemos enfrentar.

Os voy a aclarar algunos conceptos para que podáis enfrentaros a la decisión de elegir el tipo de suelo de madera más adecuado a vuestras necesidades si estáis pensando en embarcaros en la emociónate aventura de hacer reformas en casa. (¡Que por cierto! Si alguno de vosotros quiere hacerla, pero sin enfollonarse con la gestión y el proceso, no dejéis de preguntarnos, porque podemos encargarnos nosotros).

Una aclaración antes de empezar…

El parquet o parqué es un galicismo que en origen significa entarimado, sistema que se generalizó en el siglo XVI en la arquitectura palaciega, donde los suelos alcanzan la categoría de obra de arte, como el del Palacio de Versalles, que ha dado nombre a una disposición característica de las piezas de madera. Reservado a la nobleza y a la burguesía más pudiente, con el tiempo y los avances técnicos, su uso se ha ido democratizando y extendiéndose a todo tipo de viviendas.

(De izq a drch: parqué tipo Versalles y parqué del Museo Heritage)

Parqué es un término genérico. Algunos autores usan el término parqué cuando el tamaño de las piezas es pequeña y tarima cuando son piezas grandes independientemente de su sistema de instalación. Pero en España se ha asociado comúnmente al sistema de pegado, con posterior acuchillado y barnizado. Así que voy a establecer una clasificación en base a la denominación más utilizada en el mercado a fin de simplificar las cosas, pidiendo antes perdón a los puristas.

Tenemos por tanto -desde el punto de vista de su instalación- tres sistemas principales para instalar un suelo de madera, parqué, tarima (que voy a denominar tarima tradicional) y la tarima flotante. Y os recuerdo que existe una normativa específica para la instalación de suelos de madera la UNE 56810:2004  Suelos de madera. Colocación.

Parqué pegado

Este sistema se basa en pegar las piezas de madera sobre una base de mortero de cemento para después acuchillar y barnizar. Es un sistema que ha caído en desuso frente a la tarima flotante. Es más complicado de instalar y más delicado de mantener, las tablillas tienden a abrirse, a hincharse o despegarse con los cambios de humedad.

Muchas veces estos defectos se originan por una mala instalación. La humedad, tanto de la solera como de las tablillas, está regulada por la normativa. La madera natural absorbe humedad según las condiciones ambientales y pueden ser muy distintas entre almacén y obra. A veces se instala sin que la madera se haya llegado a estabilizar. (Ya sabéis, por las prisas de las obras y esas cosas). Sin embargo, este sistema nos permite realizar composiciones casi de marquetería, dando rienda a nuestra imaginación. Podemos tener suelos originales que nadie más tiene, si el bolsillo nos lo permite.

El clásico parqué en damero de 10x10cm o en espiga, son las disposiciones de tablillas más empleadas. Desde un punto de vista estético su aspecto ha quedado antiguo y pasado de moda. Su estética no siempre es fácil de encajar en las tendencias actuales y el tiempo tampoco lo ha convertido en un clásico precisamente. La única forma de actualizarlo un poco puede pasar por teñirlo o, aparte de quitarlos, recubrirlos con tarima flotante. Pero en estas cosas nunca se sabe cuando algo se puede volver a poner de moda. Yo particularmente lo incluiré en mi archivo de cosas a olvidar, junto con el gotelé, las puertas de sapelli, las ventanas de aluminio en su color, el pistacho y wengé y un largo etcétera. (Cada vez más largo, que uno se hace mayor y va cogiendo muchas manías)

Cuestiones estéticas aparte estos suelos pueden recuperar su aspecto original fácilmente. Con un acuchillado y barnizado quedaran como nuevos. El sistema pegado es compatible con suelo radiante, aunque yo no soy especialmente partidario de esta solución, tanto porque reduce la eficiencia del sistema de calefacción, como por los efectos negativos del ciclo de calentado-enfriamiento que somete a la madera a un estrés importante.

Este sistema solo se puede emplear con madera maciza. La madera tradicionalmente más usada ha sido la de roble, aunque podemos encontrar algunas rarezas como la madera de olivo.

Tarima tradicional

Le voy a poner este apellido para diferenciarla un poco más de la tarima flotante. Este tipo de tarima se instala colocando unos listones de madera en el suelo, llamados rastreles, que se nivelan y que sostienen las tablas de madera, que después se lijan y barnizan. Su sonido al caminar es muy característico y en las tarimas más viejas es normal oírla crujir bajo nuestro pasos con un encanto especial, aunque –si os soy sincero- a mi me resulta muy evocador.

Su complicada instalación, que requiere una mano de obra más cualificada y más espacio, así como su precio elevado hace que sea un sistema poco utilizado en la actualidad. También podemos instalarlo en el exterior. Debidamente impermeabilizado el suelo y con una buena madera para exterior, puede resultar un suelo filtrante ideal para una piscina.

No obstante, si tenemos este tipo de tarima en casa mantenerlo en una reforma es, desde mi punto de vista, una obligación. Se ha convertido en un clásico. Lijándolo y barnizándolo quedará como nuevo. Un suelo elegante y sofisticado que no todos pueden disfrutar. La madera más empleada tradicionalmente en este tipo de instalación ha sido el roble y distintas variedades el pino. Eso sí, no es compatible con un suelo radiante.

Tarima flotante

Este sistema de instalación se caracteriza por no estar adherido al soporte, sino instalado sobre una lámina aislante, generalmente de espuma de polietileno. Esto permite que la tarima dilate libremente y se mueva independientemente de la base, sin que le transmita movimientos. Las lamas vienen con un sistema de machihembrado que hace que la juntas sean más estables.

Es un sistema mucho más sencillo de instalar que el pegado o el enrastrelado, tanto en obra nueva como en reformas, y se ha ido imponiendo por sus posibilidades estéticas y una buena relación calidad precio. Hay tarimas flotantes para todo los gustos y bolsillos. Al contrario que el parqué y la tarima tradicional, este sistema se puede utilizar para instalar madera maciza, multicapa y laminados, lo que abre todo un mundo de posibilidades.

Madera maciza para tarima flotante

En la actualidad tenemos una gran variedad y precios donde elegir. Las lamas vienen barnizadas de fábrica y con el tiempo se puede volver a recuperar su aspecto, dado que admiten lijado y barnizado.

Madera multicapa

Las lamas multicapa se componen de varias capas, las de la base son de madera más pobres estéticamente y van contrachapas alternando la dirección de la veta, lo que aumenta su estabilidad. La última capa es de madera “buena”, por así decirlo. Es muy recomendable que tenga al menos 4mm, para que permita un par de lijados y barnizados, y recuperar el aspecto original perdido con los años. Para mi, este tipo de tarima desde el punto de vista técnico es la que mejor funciona. Permite aprovechar mejor la madera, tiene mayor estabilidad dimensional que la madera maciza y su aspecto es similar, dado que su capa final es madera seleccionada.

Podemos encontrar tarimas multicapa de una calidad excepcional. También su precio es incluso superior a la madera natural. Pero en su gama media tiene un precio asequible para sus cualidades estéticas.

Tarima flotante laminada

Seguramente os sonará el termino de Pergo©, un nuevo caso donde la marca comercial da nombre al producto. Llamar madera a este producto se me hace difícil. En realidad es un producto derivado de la madera. Un bizcocho de aglomerado de partículas entre dos capas de resina. La superior lleva una lámina decorativa que es en realidad una foto, y puede estar texturizadas para un acabado más realista, por tanto las capacidades estéticas son infinitas y el catálogo de acabados inmensos.

Generalmente suele asociarse la calidad de un laminado a la resistencia a la abrasión superficial. Se somete a ensayo con una lija circular, hasta que pierde su aspecto original. A mayor número de vueltas necesarias para desgastarla, mayor calidad, lo que nos da la siguiente clasificación según la norma EN 13329.+A1 2009:

AC-1 (más de 900 vueltas)
AC-2 (más de 1.800 vueltas)
AC-3 (más de 2.500 vueltas) (uso normal, vivienda)
AC-4 (más de 4.000 vueltas) (uso elevado, locales comerciales)
AC-5 (más de 6.500 vueltas) (uso intensivo, bares, centros comerciales)
AC-6 (mas de 8.500 vueltas) (uso comercial severo -anexo I norma)

En el mercado generalmente encontramos tarimas a partir de la AC-4, el mínimo recomendable. Pero no es lo único. También debemos fijarnos en su clasificación de aptitud para el uso según este cuadro.

Las tarimas laminadas más baratas no son muy recomendables, en poco tiempo presentarán un aspecto gastado. Las juntas pueden abrirse, deformarse y presentar desgaste en puntos concretos. En cualquier caso este tipo de tarima no se pude reparar. Una vez desgastada solo podemos sustituir las lamas. Pero por su precio ajustado podemos sustituirla renovando su aspecto por otro más actual.

Recomendaciones de instalación de tarimas

En cuanto a la disposición de las lamas, es recomendable orientarlas a la entrada natural de luz de la estancia. Así se disimulan las juntas, pero esta disposición puede no ser la misma en todas las estancias. Si queremos que en todas las estancias se oriente la longitud de la lama a la luz puede que debamos hacer cambios de dirección, lo que hará necesario juntas y su correspondiente tapajuntas. Podemos elegir qué estancia es la más representativa, por ejemplo el salón, y sacrificar el resto. Los dormitorios son más pequeños y entre cama y muebles será menor la parte visible de tarima, por lo que será menos importante alinear las lamas.

También se recomienda alinear las lamas a la dimensión más larga de la estancia, para una mayor estabilidad dimensional, pero puede que esa no coincida con la entrada de luz.

Y si la vivienda es grande, pueden ser necesarias juntas de dilatación para evitar que éstas se abran. En ese caso podemos aprovecharlas para cambiar la dirección de la lama a nuestro gusto. Debemos seguir las recomendaciones del fabricante. Muchas marcas tienen departamentos técnicos a los que podemos consultar y consensuarlo antes de empezar con el instalador, que siempre recomendará la que menos cortes tenga y menos trabajo le dé. Además, siempre dirá que no se hace responsable para evitar sorpresas y establecer un compromiso entre estética y funcionalidad que nos permita disfrutar de nuestra tarima recién instalada.

Para ver el resto de entradas de la sección “Con acento técnico” podéis pinchar aquí.

Martin Mora
Contreras Ingeniero de Edificación-Arquitecto Técnico
Especialidad en Gestión de Patrimonio Construido-Facility Manager
Master en Gestión de Proyectos-Project Manager
Master en Dirección de Empresas MBA
Técnico en Diseño Asistido por Ordenador

2 Comments

  • 5 noviembre, 2017 Responder

    fanny

    tarima tradicional:recuerdos de niñez. Cada paso con un ronquido. años felices.
    interesante e instructivo post y el blog. siempre fan.

    • 5 noviembre, 2017 Responder

      Bea Atienza

      Gracias por compartir Fanny. Y por seguir el blog! 🙂
      Un abrazo.

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